sábado, 3 de abril de 2010

Españoles contra el III Reich: Narvik, 1940

La 13 Demi-Brigade de la Legion Extranjera estaba integrada, en particular, por unos 900 españoles, morenos, alborotadores, difiles de mandar, ...pero de una valentia extraordinaria". (General Béthouart)

En la batalla de Narvik actuarían dos batallones de la más tarde famosa 13ª Semibrigada de la Legión Extranjera Francesa. La mitad de sus efectivos eran republicanos españoles veteranos de la Guerra de España: un millar de hombres lucharon con bravura contra los nazis, de los que casi la mitad quedarían para siempre por tierras noruegas.

LOS ESPAÑOLES EN LA BATALLA DE NARVIK, 1940
Gonzalo Romero Yáñez-Barnuevo - 2005

Es muy poco conocida la intervención de los republicanos españoles en la batalla de Narvik, en 1.940. En España, por razones obvias no se dio publicidad al episodio y los franceses, por su parte, no estaban demasiado interesados en resaltar que unos “rojos” españoles les estaban sacando las castañas del fuego mientras otros franceses asistían y aplaudían los paseos militares de los alemanes por su patria.

La 13 Demi-Brigada (13 DBLE) de la Legión Extranjera fue creada en febrero de 1.940. Era un Regimiento de infantería con dos batallones y una Sección Motorizada, en total, cerca de 2.000 hombres, la mayor parte de los cuales eran voluntarios españoles. El General Bethouart, que mandaría la expedición francesa a Noruega, en la que la 13DB recibió el bautismo de fuego, dice que había 500 españoles. Eduardo Pons Prades cita que eran casi la mitad, es decir, unos 1.000 y que cerca de 500 resultaron muertos.

El testimonio de los antiguos mandos franceses de la Unidad habla de que, con la incorporación de los españoles se creó un espíritu de camaradería entre oficiales, suboficiales y tropa, absolutamente desconocido hasta entonces en la Legión, así como una quiebra de la disciplina legionaria tradicional, sin que esto supusiera una merma en la eficacia combativa.

En 1.940 el Consejo Supremo Interaliado decidió una operación de ocupación de puertos noruegos, sobre todo Narvik, en el extremo norte de Escandinavia, por dónde se embarcaba el hierro de las minas de Suecia con destino a Alemania.

Pero el III Reich fue más rápido y se adelantó a los aliados. El 9 de abril invadió Noruega, ocupando Narvik. Los Cuerpos expedicionarios británico y francés ayudaron a las fuerzas noruegas en un intento de recuperar el territorio ocupado por la Werhmacht, más ante la enorme superioridad enemiga, la operación aliada debió concentrarse exclusivamente en la reconquista de la zona septentrional del país, donde está Narvik.

Sector de Bjerkvik, al norte de Narvik, la zona asignada al desembarco de los españoles de la 13 DBLE

Bjerkvik, pasto de las llamas durante los combates de mayo de 1940

La ensenada de Narvik visto desde Bjerkvik, en la actualidad

Croquis de los fiordos de Narvik

La 13 DBLE recibió su bautismo de fuego el 12 de mayo en Bjerkvik, al norte de Narvik, en lo que es el primer desembarco de fuerzas, bajo fuego enemigo, de la II Guerra Mundial.

Los legionarios tuvieron que combatir en la ofensiva por terrenos muy escarpados, fáciles de defender y frente a unidades alemanas de montaña muy escogidas. Los defensores de Bjerkvik desarrollaron una feroz resistencia y el desembarco y posterior avance hacia Narvik costó muchas bajas a la 13DB.

Los nazis contaban con una clara ventaja y pese a todo, los batallones de la 13DB demostraron un ímpetu ofensivo y una resistencia extraordinaria. En la toma de la cota 220, un legionario español llamado Gayoso, ganó la primera medalla militar francesa. Fue la primera condecoración al valor concedida a un español. Le seguirían varios millares de medallas en el curso de la contienda.

La 13 DB se lanzó al asalto de Narvik, que consiguió liberar el 28 de mayo. Su gesta fue inútil, pues en esta fecha el Alto Mando Aliado había decidido la retirada total de Noruega, en vista del desastre que se estaba produciendo en el frente francés. El 7 de junio, los últimos efectivos aliados, es decir la Sección de demolición de la 13 DB, abandonaban Noruega para dirigirse a Inglaterra.

Cuando el general De Gaulle se presentó el 30 de junio de 1940 ante la 13DB acantonada en el campamento de Trentham Park, pidió a los legionarios que se unieran a la Francia Libre. 900 legionarios, de los cuales 600 eran españoles, se unieron al General.

El 4 de abril de 1995, el diputado por Sevilla, Luis Yáñez-Barnuevo, en nombre del PSOE, presentó ante el Congreso de los Diputados una proposición no de ley, solicitando la “creación de una Comisión que organice actos de homenaje a los españoles que participaron en la Segunda Guerra Mundial”.

Decía el diputado en el curso de su intervención: “…No quisiera dejar de citar a los que me parecen más destacados y también menos conocidos, como la participación de 2.000 españoles en la batalla de Narvik, en Noruega. Narvik es un puerto noruego que cobró gran importancia en la II Guerra Mundial, porque de él salían millones de toneladas de hierro destinadas al Ejército alemán.

En 1.940, los aliados se propusieron tomar y neutralizar Narvik y lo consiguieron no sin un elevado coste humano gracias a la unidad de la Legión Extranjera de la que formaban parte los citados españoles. En el cementerio de Narvik existe una modesta lápida con los nombres de centenares republicanos españoles que reposan allí para siempre. En España, país tan desagradecido con sus héroes, se les sigue ignorando, pues muy pocos paisanos conocen de su existencia y los hechos que protagonizaron dejando el pabellón de su país muy alto.

Londres, 1940. Serapio Iniesta y Sixto, dos españoles enrolados en la 13 Demi-Brigade

Los pocos supervivientes de esta batalla se embarcaron después de cubrir la retirada de sus camaradas franceses, para Inglaterra donde el General De Gaulle acababa de hacer el llamamiento de la Francia Libre en junio de 1.940.”

Otros españoles quedaron en los riscos, como el sargento legionario catalán Joan Ramón Pujol de Vilallonga, hijo de un alcalde de Lleida y conocido “playboy” de la época, que, una vez agotada la munición cayeron prisioneros, fueron salvajemente torturados por las SS y posteriormente fusilados en el mismo campo de batalla, cuyos restos yacen en el cementerio militar de Franske Kirkegarr de Narvik.

Más de 500 españoles de la 13 DBLE reposan en el cementerio de Guerra de Narvik

George Blond (La Legion Etrangiere): “...También había algo que era una novedad en la Legión : un fuerte contingente de españoles, desterrados políticos. Según ciertos testimonios, su irrupción había dado cierto matiz al clima legionario. Disciplinados, aguantadores, aceptaban la dura instrucción de Bel Abbés, pero esos españoles, manteniéndose codo a codo en una solidaridad excepcional, habían hecho comprender a algunos suboficiales, un poco demasiado estilo antiguo régimen, que la época de las bromas pesadas había pasado sin retribución ya había pasado.

Buen número de oficiales les había visto con desconfianza, llamándolos “los comunistas”, y hasta lamentándose de que se les hubiese llevado a Noruega. Sin embargo, estos rojos o ex rojos, dignos herederos de las virtudes militares de su raza, se batieron como leones en las sierras cubiertas de nieve de Noruega.” ...“La mayor parte de los grandes convoyes de tropas, de armas y material ya habían zarpado de Narvik, y ahora constituía la retaguardia la Legión que estaba embarcándose.

En el rostro de estos hombres se veía una expresión de desdeñosa indiferencia. Pero algunos eran la excepción: los acemileros, españoles en su mayor parte. Los británicos se negaban a reembarcar los mulos: no había tiempo ni espacio para ello y los británicos tenían ganas de salir zumbando de allí. Los acemileros desconsolados, abrazaban el cuello de sus bestias, les decían palabras cariñosas. Esos mismos hombres habían avanzado lanzando granadas en medio de la carnicería de Bjervik. Algunos lloraban al abandonar su acémila. Luego, los transportes y los buques de guerra se alejaron.”
Bir Hakeim, 1941:
“La cosa empezó a caldearse. Los cañones de los tanques y los nuestros se disparaban mutuamente casi a quemarropa. Los tanques giraban sobre si mismos, yendo y viniendo, aplastando cuanto podían. Nuestros españoles comenzaron a gritar “¡Vamos! ¡Como en Madrid!” y se pusieron a lanzar botellas de gasolina contra estos tanques y a treparse en ellos para disparar sus pistolas a través de las aberturas. Los ocupantes abrían sus torrecillas y se entregaban.

A las 10 de la mañana, todos los tanques que no habían llegado a Bir Hakeim comenzaron a dar media vuelta. El ataque había sido rechazado. Treinta y dos tanques destrozados estaban diseminados por el terreno. La Legión había tomado cerca de cien prisioneros, entre ellos solamente un coronel.”

General Béthouard, comandante del Cuerpo Expedicionario Francés en Narvik

Agustín Roa Ventura

El autor de esta narración, español exiliado y residente en Inglaterra desde el final de la Guerra Mundial, ha conocido a compatriotas que participaron en la batalla de Narvik formando parte de la Legión Extranjera francesa. Su relato, que nos ofreció en ocasión de nuestro concurso sobre la actuación de los españoles durante la Segunda Guerra Mundial, aparece hoy como complemento al relato de aquella heroica y singular aventura en las lejanas tierras de Noruega.

Agustín Roa a la izquierda, autor de este articulo, con el uniforme tropical británico, durante su estancia en Argel en 1943.

Un año después de cruzar la frontera franco-española, centenares de
supervivientes del Ejército Republicano español —que se enrolaron en la Legión Extranjera, para poder salir de los campos de concentración franceses— formaban parte de un contingente militar que se organizaba en Sidi-bel-Abbés, en Argelia, destinados a enfrentarse según se rumoreaba con las tropas rusas que atacaban Finlandia, en el invierno de 1940. Aquella situación, en la serie de contradicciones que tuvo la guerra 1939-1945 para el mundo en general y para los españoles en particular, logró evitarse debido a otros acontecimientos imprevistos.

En la mañana del 9 de abril de 1940, los alemanes anunciaron la ocupación de Dinamarca y
Noruega, con el propósito de «asegurar la neutralidad de ambas naciones». El Consejo Supremo Militar de los Aliados se reunió con urgencia y optó por apoyar incondicionalmente a los países atacados. Los alemanes fortificaron los puntos estratégicos de la costa noruega y emplazaron su artillería y ametralladoras en los fiordos más sobresalientes del país. En Londres, el Primer Ministro Neville Chamberlain, confirmaba, en un discurso ante los diputados ingleses, la gravedad del momento.
Las dos brigadas de Cazadores de Montaña alemanas estaban al mando del General Eduard Dietl, un veterano de la Gran Guerra y hombre de gran experiencia en operaciones en terreno montañoso que supo desplegar sus fuerzas replegándolas justo antes de cada ataque y volviendo a atacar al enemigo por su retaguardia.

Al amanecer del día 10 de abril, destructores ingleses atacaron a los
alemanes que ocupaban Noruega. El almirantazgo británico facilitó un comunicado negativo. Era la primera batalla naval entre ingleses y alemanes, y la superioridad nazi causó la pérdida de muchas vidas, material de guerra y el hundimiento del destructor «Hunter», que había participado en la vigilancia de la costa española en 1936.

Con media Europa ocupada por los nazis, la neutralidad de los Estados Unidos, el fraude militar conocido por el pacto de «no agresión» entre Rusia y Alemania, y el preludio de la retirada de las fuerzas francesas de sus principales defensas, incluyendo la línea Maginot, con sus mandos y su Gobierno en desbandada, la situación obligó a los ingleses a deshacerse de Chamberlain primero, y con Churchill, al frente del Gobierno, emprender la reconquista de los países ocupados por los nazis. Los exiliados españoles ofrecían las mejores garantías en la lucha contra el fascismo. Los acontecimientos posteriores lo confirmaron.

EJERCICIOS EN LOS PICOS SUIZOS

A mediados de febrero, de aquel año, tres cruceros franceses transportaban la expedición militar de legionarios organizada en Sidi-bel-Abbés.

La mayoría de estos hombres eran españoles... De Oran fueron a Marsella, y desde allí, se les destinó a las montañas fronterizas con Suiza. Alguien, militar o diplomáticamente bien situado, tenía sus proyectos. Los españoles se ejercitaban por los picos alpinos. Así estuvieron hasta que regresaron a Francia, embarcando el día 12 de abril de 1940, en el puerto de Brest, a bordo del «Villa de Argel». A los expedicionarios se les agregaron fuerzas regulares francesas, formándose en aquella ocasión la famosa 13eme. Demi-Brigade de la Legión Extranjera, que tanto se distinguió en Noruega.

Una colisión con otro buque les obligó a hacer escala en Liverpool, en donde la población inglesa les tributó un inolvidable recibimiento. Salieron del puerto entre los días 18 al 20 de abril, escoltados por la escuadra británica, entre cuyos navíos figuraba el portaaviones «Glorious», hundido poco después. Dos semanas más tarde, llegaron a las aguas noruegas, penetrando sigilosamente sin encontrar resistencia, hasta que fueron sorprendidos por un avión alemán que descargó sus bombas sobre los expedicionarios.

El día 3 de mayo empezaron a contarse las víctimas antifascistas, entre ellos, los españoles Aniceto Carrillo y Emilio Rodríguez, y el polaco Antoine Bogdanski. A la mañana siguiente, se identificaba a otro español muerto: Francisco Forniales. Durante seis días estuvieron los españoles desembarcando material de guerra y equipos militares que almacenaron en las barracas habilitadas al efecto cerca del fiordo y en la falda de la montaña. Lo que no habían conseguido los ingleses en su primer encuentro con los alemanes, lo lograban los expedicionarios de la 13 Demi-Brigade.

El almirante inglés Sir W. M. James, en su obra «The British Navies in the Second World Mar», confirma que la Legión Extranjera desembarcó el 8 de mayo en Herjangs Fjord, siendo objeto de bombardeo aéreo y de los disparos de la artillería costera inutilizando el enemigo a más de doce buques de guerra, transportes y barcos de carga; entre los hundidos figuraba el crucero «Curlew».

TREINTA MINUTOS INDESCRIPTIBLES

La operación militar empezó e medianoche. Las aguas eran perturbadas por el movimiento pesado de los buques mercantes cargados de material de guerra y soldados. La flota inglesa les protegía. A los cañonazos de los buques de guerra respondieron los alemanes. Pusieron en juego todo su dispositivo artillero. De pronto, el litoral costero empezó a arder. El cielo rojo, y roja el agua por el reflejo del fuego. Amontonados en enormes barcazas fueron lanzados los expedicionarios al asalto y conquista de Bjerkvik. Las balas silbaban por encima y los lados de los españoles. Los obuses enemigos que no hacían blanco removían el mar y levantaban pirámides de agua. Los que alcanzaban su objetivo destrozaban barcas y cuerpos. Muchos hombres desaparecieron, entre ellos, varios españoles, tragados por las aguas revueltas. Otros fueron identificados y enterrados después: Juan Garrido, Clemente Belsa, Emilio Blanc, Juan Lozano...

La batalla duró media hora. Treinta minutos indescriptibles, en los cuales no había tiempo para besar la fotografía de la madre, la esposa o el hijo que había quedado en España. Media hora sin tregua para pensar; ni tan siquiera para dejar correr una lágrima. En la guerra no hay tiempo para llorar, y los españoles tenían secos sus ojos, después de tanto sacrificio.

ESPIRITU DE LUCHA

Cuando llegaron a la costa empezó el desembarco de efectivos, y la persecución de los nazis. Había que cruzar más ríos y escalar montañas. El ayudante de una de las secciones de españoles encargó a un joven checo y a otro español la misión de guías, El español, un cenetista aragonés, Manuel Espallargas, llevaba encima el dolor de haber perdido a su esposa, fusilada en España.

Detrás de estos dos hombres iba la sección, luchando contra las inclemencias del terreno y el agua helada. Un testigo, el capitán francés Pierre 0. Lapie, condecorado con la Cruz de Guerra por su comportamiento militar en Noruega nos dice: «Los españoles reconocían en aquellos caminos tortuosos algo parecido a sus propias sierras. Saltaban de un lado para otro como tigres y nunca parecían estar agotados. Si hubo algunos oficiales que tuvieron aprensión de aceptar en la Legión —creyendo que eran comunistas— a los republicanos españoles, ahora estaban orgullosos y satisfechos de su espíritu de lucha. Un ejemplo fue el caso del joven español que atacó y conquistó una posición de ametralladoras de los alemanes en Elvegaard» (With the Foreign Legion at Narvik).

El joven checo y el español, separados por unos cincuenta metros de distancia lograron alcanzar la otra orilla del río. Una ametralladora enemiga les fue persiguiendo todo el camino, revolviendo las aguas del río primero y la tierra después. La sección les seguía. Al alcanzar ésta la pasarela resultaron varios heridos y un español muerto. Al llegar a la cúspide de la montaña se encontraron cara a cara con los alemanes, apoyados por un nido de ametralladoras. El asalto duró casi diez horas, muriendo un español llamado Mérida; los alemanes se rindieron. Tras breve descanso, prosiguieron el avance hacia las altas montañas todas cubiertas de nieve. A las tres horas de marcha descubrieron un lago helado que había servido de campo de aterrizaje de la aviación enemiga. Encontraron doce trimotores Junkers abandonados y armamento suelto. Sin tomarse ningún descanso, siguieron escalando. Cargados con armas y provisiones. Físicamente destrozados, cinco horas después, llegaron a lo alto de la montaña. No era el cielo, pero se hizo el milagro: en la cima más alta que domina Narvik había hombres. Guerrilleros noruegos, protegidos por la altura. Estaban allí desde el primer momento de la invasión alemana, y era la primera vez que resistentes y liberadores lograban confraternizar. Los primeros en establecer enlace y abrazar a los guerrilleros noruegos fueron los españoles Espallargas, Queralt y el ayudante de la sección.

Españoles enterrados en Narvik

Tras de asegurar la posición en lo alto de la montaña, descansaron, no sin recibir frecuentes bombardeos de los aviones enemigos. Se recogían cuerpos inertes, entre ellos los españoles Roberto Fortunato, Manuel Ferrer, Alberto Alegre, Luis Lorenzo, José Goyot, Francisco Salvador, Juan Dulia y Luis Felipe. Sus vacíos en las secciones no podían ser cubiertos, pero los supervivientes continuaban. Unas veces desmoralizados, al verse protegidos solamente por cuatro cazas: dos ingleses y dos franceses, llegando a pensar que era toda la defensa aérea de que contaban contra los invasores alemanes. En otras ocasiones se sentían fortalecidos, especialmente cuando se ordenó a una sección de legionarios, la mayoría españoles, apoderarse de unas barcas enemigas. Aquella operación fue sólidamente protegida por dos baterías de tierra y los disparos de los buques de guerra que, sin descanso alguno, limpiaron la costa de alemanes, a la vez que abrían camino para el desembarco por la parte de atrás de Narvik, con la intención de cortar la línea ferroviaria y con ello todo medio de comunicación y transporte del enemigo. Los alemanes retrocedían, perseguidos hacia las montañas y hacia los túneles de la línea ferroviaria. También en esta zona de la guerra en Noruega murieron españoles: Pedro Bartolí, Jorge Chirol, Mariano García, Bautista Bernabé, Juan Mira, Antonio Sierra y el sargento Ramón Pujol, de Vilallonga (Tarragona), cuyos cuerpos fueron enterrados en el cementerio de Franske Kirkegarr. Otros desaparecieron en los barrancos cubiertos de nieve. Esa era la ofrenda a la libertad que España daba al mundo.

Dos españoles hicieron 14 prisioneros. Centenares de compatriotas protagonizaron una de las batallas más arriesgadas y peor conocidas. El pueblo noruego no los ha olvidado. De los 800 españoles desaparecidos en la batalla de Narvik, muchos aparecen con su nombre, grado y número de legionario en los cementerios militares del país.

Fuerzas polacas relevaron a los españoles en aquel sector. La misión de éstos en Noruega había terminado. A las órdenes de un general francés embarcaron hacia Francia, pero los precipitados acontecimientos militares en aquel país y el nuevo carácter de la guerra, hizo, una vez más, cambiar el rumbo de los expedicionarios. La campaña militar en ciernes debía librarse en Francia y en África del Norte. Era otro capítulo militar de la contribución española en la Segunda Guerra Mundial, sobre lo que sólo algo se ha dicho y escrito por sus participantes.

El mismo año 1.940, el poeta sevillano Antonio Aparicio, muerto en el exilio, recordó así la gesta de Narvik:

"Narvik

Tumbas de Nieve

Amortajadas de frío

Bajo las estrellas del Norte.

Y la nieve sobre ellos.

Y el olvido.

Juan Andalucía, Pedro

Valencia, Manuel del Miño,

Rafael Extremadura,

Ahora lejanos, ahora

Enterrados en Noruega

Y perdidos.

¿Habéis visto alguna vez

Enterrados las guitarras

Y los gritos?

¿Las navajas ateridas?

¿Yerto el valor bajo el frío?

Ellos venían del Sur

(El Sur: naranjos y olivos,

La tarde sobre el laurel,

La luna por los caminos)

Desde el Sur…

Cuando mordían un suspiro

El paladar les sabía

A limonares cautivos.

Hijos de España, la tierra

Que cruza, llorando, un río

Por cuya ribera fueron

“con el Quinto, Quinto, Quinto…”

Bajo la tierra noruega

Yace el batallón cautivo.

Batallón de las batallas

Españoles del olvido.

Por ellos, al Sur de Europa,

Crecen llantos, mueren lirios."

Historia y Vida Nº 119 febrero 1978

7 comentarios:

  1. PRECIOSO....y como siempre si estas historias no las leo por internet jamas las hubiera escuchado en ningun lugar, ni en ningun libro en los institutos...una verguenza...
    ORGULLO ESPAÑOL!!!

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  2. NO CONOCÍA ESTE CAPITULO DE HISTORIA PERO NOS ESTÁN DEMOSTRANDO ESTOS ESPAÑOLES QUE NO HAY LUGAR EN DONDE ELLOS HAN ESTADO Y DEMOSTRANDO TODA SU FUERZA, UN EJEMPLO PARA EL MUNDO SIN SER SU GUERRA FUERON A DEFENDER SUS VALORES EGAR R YABAR LARRONDO

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  3. Un ejemplo de coraje y pundonor y lucha por la libertad, esta aptitud contrasta con la vergonzosa politica de Francia e Inglaterra de NO INTERVENCION EN LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA, con eso se contribuyó al fracaso de la II República Española.

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  4. ¡¡¡ubff!!!. L he leído con mucho detenimiento, porque estos episodios, casi contados en primera persona, me veía en los Fiordos de Noruega y en la batalla de Narvik, donde se dejaron la vida casi un millar de Republicanos con todos los Honores. Estas Histórias..., como nos han sido ocultadas en nuestro País. Otro capítulo que estuvo ocultado para los españoles fue el de la Liberación de París, que estaban bajo el mando del General Lecler, quien también hablo de la valentía y arrojo de los Republicanos, que fusil en mano, subieron a la segunda planta del Ayuntamiento, donde estaba la boca del lobo del ejercito Nazi y ellos (alguien nos contará algún día como lo hicieron), los Republicanos apuntaban a los bien planchados alemanes y con los brazos en alto, salieron ante la población liberada de París. SALUD Y REPÚBLICA, MIS QUERIDOS COMPATRIOTAS Y CAMARADAS REPUBLICANOS. Algún día, recogeremos a todos nuestros Republicanos de TODO EL MUNDO Y TENERLOS JUNTOS CON TODOS LOS QUE AÚN ENTAN EN CUNETAS, EN UN GRAN CAMPO DONDE CREZCAN AMAPOLAS ROJAS Y MUY ROJAS, POR LA SANGRE DERRAMADA Y POR LOS IDEALES ROJOS Y MUY ROJOS..., LAS GRANDES LLANURAS QUE CITABA SALVADOR ALLENDE, CON NERUDA, VICTOR JARA, EL CHE GUEVARA Y... POR ELLOS: ¡¡¡VIVA LA IIª REPÚBLICA!!!

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  5. He de citar que los Republicanos al mando del General Lecler, componían LA NUEVE, QUE TANTOS HONORES DEJARON A LA NACIÓN DE FRANCIA Y QUE AHORA EL GOBIERNO, HA VENIDO A RECONOCER A LOS REPUBLICANOS Y LOS HA CONDECORADO. BIENVENIDO.

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  6. A principios de los años 50 se publicaba la colección "Hazañas Bélicas". Uno de los fascículos describía la acción en Narvik, pero no recuerdo que se mencionara la españolidad de muchos de los legionarios.

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  7. A principios de los años 50 se publicaba la colección "Hazañas Bélicas". Uno de los fascículos describía la acción en Narvik, pero no recuerdo que se mencionara la españolidad de muchos de los legionarios.

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