domingo, 28 de marzo de 2010

La Guerrilla en Cataluña (2)

MARCELINO MASSANA

Las primeras partidas rurales de obediencia anarquista en Cataluña se acomodaron en el Llobregat alto y medio. La más famosa de los años cuarenta fue la dirigida por Marcelino Massana Balcells “Pancho”, teniente de infantería del Ejército de la República durante la guerra civil. Como la mayoría de los militares republicanos después de la contienda, Massana se convirtió en visitante asiduo de cárceles, tribunales especiales y cuartelillos de la Benemérita. Massana -quien incluso no ha tenido reparos en autocalificarse como “bandido generoso”- decidió enfrentarse al aparato represivo del franquismo en las comarcas de Bergadá, Solsonés y Valles. En agosto de 1945, entró en Cataluña con un grupo de siete hombres. Más realista que los maquis procedentes de Francia y que ignoraban lo que ocurría en el interior de España, Massana y sus amigos no se presentaban como libertadores del país sino como passeurs y contrabandistas. Sabía que, para unos campesinos atenazados por el miedo, los contrabandistas resultaban menos comprometidos que los guerrilleros.

El grupo se especializó en sabotajes contra las torretas metálicas de conducción eléctrica, utilizando para ello explosivo plástico y los correspondientes detonadores que traían de Francia. También inauguró oficialmente una táctica que repetirían después los demás grupos de acción anarquistas, y que consistía en realizar una serie de acciones subversivas y repasar la frontera. Acompañado de Antonio Torres “Gachas”, Jorge Pons “Tarántula”, Jaime Puig “Tallaveneres” y José Pérez Pedrero “Tragapanes”, entre otros, realizó numerosos secuestros, atracos y sabotajes durante varios años.

Evitaron en todo momento causar bajas a la Guardia Civil, salvo cuando el precio era la propia vida así lo exigía, ya que atentar contra guardias civiles no era operativo: el régimen los sustituía sin dificultad y, además, aumentaba la represión. Así, la partida de Massana, asalta las oficinas de la mina de lignitos de Serchs, y se lleva los jornales de una semana, acción esta que repitió en otra ocasión. A principios de 1950 realiza un secuestro en casa Can Xacás, del término de Castellar del Ríu. Consigue 100.000 pesetas por el rescate

En el verano de 1950 Massana efectuó la última incursión en España. En su explicación de por qué abandonó la lucha, ha confesado que lo hizo porque la confederal se desentendió de los maquis y porque había libertarios que no se jugaban la vida desde 1939, pero que iban diciendo “que más que un guerrillero, era un atracador que se estaba haciendo millonario”. Según Téllez, los planteamientos de los dirigentes “fueron actividades estériles que consumieron a los mejores hombres del movimiento libertario, derrocharon los escasos medios existentes e imposibilitaron la creación de organismos eficientes capaces de desarrollar la ofensiva a base de objetivos concretos, inmediatos y escalonados”.

JOSE LUIS FACERIAS “FACE”
Facerías “Face”, quien desde 1939 había sido huésped involuntario de cárceles y campos de concentración, de los que fue liberado en 1945. Camarero de profesión, su fama fue comparable a la de “Quico" Sabaté y ocupó la secretaría general del Movimiento Ibérico de Resistencia (MIR), luego transformado en el Movimiento Libertario de Resistencia (MLR), que tenía como objetivo encuadrar a los grupos de acción libertarios y que fue disuelto en febrero de 1948.José Luís Facerías, separado de Marcelino Massana, en 1947 forma, con otro más, partida independiente y se oculta en la ciudad de Barcelona por algún tiempo. Al principio roban vehículos para trasladarse a los pueblos, con la finalidad de dar atracos para proveerse de la liquidez que cicatera Toulouse les escatimaba. Uno de ellos lo realizan en Granollers y se apoderan de 40,000 pesetas, y otro en la fábrica de máquinas de escribir Hispano-Olivetti, con un botín de 300.000 pesetas de la época.

Facerías atraca una panadería en Sardañola, pero tropieza con la Guardia Civil de Moncada y pierde el “Tonón” y el “Niño”. Nuevos actos de sabotaje sufren las líneas de alta tensión de Riegos y Fuerzas del Ebro, la línea férrea de los Ferrocarriles Catalanes, en el término de San Vicente y la de alta tensión de Gerona a Manresa, en el término de Serch.

He aquí la reseña de más actuaciones de Facerías: El 30 de abril, un grupo de cinco guerrilleros, armados con metralletas, se apoderan de 100,000 pesetas en la sucursal del Banco de Vizcaya, sito en la calle Rocafort; el 11 de junio, nuevamente en la sucursal del Banco de Bilbao de la calle Mallorca, se apropian de 163.000 pesetas; el primero de agosto en una fábrica de tableros ubicada en la carretera del Port, se llevan 125.000 pesetas. En estos avatares la Guardia Civil detuvo a dos de sus componentes, Feliciano Pernigna y Alberto Santaolaria “Castelló”.

Sigue la actividad de Facerías durante el mes de septiembre. El 24, se consiguen 700.000 pesetas del Banco Hispano Colonial, sito en la entonces avenida del Generalísimo (hoy, Diagonal); al día siguiente otro de un millón en la sucursal de la calle Muntaner, de la misma entidad; otro de 250.000 pesetas a la Banca Pérez López de Hospitalet y por último, un cuarto golpe de 400.000 pesetas en la sucursal, también de Banco Hispano Colonial de la calle Mayor de Gracia

El 2 de julio de 1949 Facerías y su grupo, provistos de pistolas y algunas granadas de mano, irrumpen en la fábrica ICANSA, en la calle Pedro IV, de donde se llevan 37.000 pesetas; otro grupo, se presenta en el Hotel Pedralbes, en la calle Miret y Sans, se apropian 4.000 pesetas de la caja, más 7.000 y algunas alhajas de los huéspedes. Para poder huir utilizan hasta dos coches que al efecto tenían preparados. Dos asaltos durante los dias 13 y 17 a una empresa de automóviles y a las oficinas de los Ferrocarriles Catalanes consiguen un botín de 100.000 pesetas.

En agosto de ese año, Facerías atracó dos meublés con el fin de conseguir la documentación de los alojados que luego servía para la falsificación de otros documentos que ayudaban a la lucha. Un golpe importante es el del 12 de Julio, Facerías logra un botín de 600.000 pesetas mediante el atraco a la joyería Rudolf Bauer y a la fábrica de automóviles Eucort. Para completar la operación, llevaron a cabo diversos tiroteos contra comisarías, policías y todo tipo de objetivos sensibles del franquismo.

La intención era “mantener el clima de inseguridad” y Barcelona, en efecto, parecía recuperar una nueva fase del “pueblo en armas”, expresión muy querida de los anarquistas. Durante varios meses, la capital catalana respiró un clima de intranquilidad motivada por las acciones subversivas de los libertarios. Todos estos incidentes provocaron la destitución del jefe superior de Policía, Manuel Chinchilla, relevado por José María Rodríguez Albert.

El 9 de octubre, 11 guerrilleros se presentan en el meublé “Casita Blanca”, cortan el hilo telefónico y se apropian de 37.000 pesetas, totalidad del dinero que encima llevaban los clientes, sorprendidos en tan inesperado momento. Con el atraco a una joyería de la Vía Layetana, donde se apoderan de joyas y metálico por valor de 115.000 pesetas. Se dan por finalizadas las “expropiaciones anarquistas”, por algún tiempo en la ciudad de Barcelona, expropiaciones que se destinaban a la compra de armamento, munición y atender a los gastos que ocasionaba una red de buena cobertura, que los pusiera a salvo de la policía y ayudar a los presos y sus familias, cosa que le hubiera correspondido hacer a la Organización de Toulousse. Se hubiera evitado esta extensa lista de atracos que distorsionaban a la opinión pública sobre el verdadero fin de los guerrilleros.

El 19 de marzo de 1950 el grupo de Facerías resultó detectado por la Guardia Civil en Santa María de Montcada después de un golpe económico, y en el enfrentamiento murió Franquesa. En mayo de 1950, la policía localizó al grupo de Facerías y en una emboscada murió uno de sus integrantes, Guillermo Ganuza Navarro. El día 26 de agosto del mismo año, en otra celada de la Guardia Civil en los límites con la frontera francesa, murieron otros dos miembros del grupo de Facerías, Celedonio García Casino “Celes” y Enrique Martínez Marín “Quique”.

Era el momento de retornar a Francia durante una temporada para reponer fuerzas y ver de captar nuevos componentes que reemplazaran las bajas y rendir cuentas en aquel diálogo de sordos que eran sus relaciones con la Confederal.
En el mes de junio de 1951, Facerías regresó a Barcelona, pese a que los problemas con la organización confederal continuaban acentuándose hasta la ruptura, y el 19 de julio fue eliminado por la policía su compañero Saborit en un trolebús barcelonés. El 21 de octubre de 1951 Facerías asaltó de nuevo otro mueble, el “Pedralbes”, donde, después de un forcejeo, mató a un cliente, Antonio Masana Sanjuán, importante hombre de negocios franquista que se encontraba en compañía de una sobrina menor de edad. Los mueblés (hoteles dedicados al alquiler de habitaciones por varias horas donde dar rienda suelta a Eros) constituían lugares excelentes para conseguir dinero, documentación y evitar los chivatazos a la fuerza pública. Nadie denunciaba una extorsión realizada en una casa de citas.
Aquel suceso llenó de consternación a la ciudad y por ende activó aun más, si cabe, el celo de la represión.

Este suceso, el cansancio de tan ajetreada vida y desengañado de la cúpula anarquista, que los dejaba abandonados a su suerte,Facerías dejó de actuar en 1951 y se trasladó a vivir a partir de 1952 a Italia.

En el año 1956, “Quico” Sabaté consiguió contactar con Facerías, y éste, menos radical que Sabaté, efectuó un último intento de asegurarse el respaldo confederal antes de entrar en España pero sólo recibió buenas palabras. Cuando Sabaté se enteró de esos contactos, ya en la capital catalana, rompió definitivamente con su compañero y lo abandonó a su suerte en Barcelona, una ciudad de la que “Face” llevaba ausente varios años y apenas mantenía enlaces, consecuencia de esta circunstancia hizo que Facerías tomara el camino de vuelta. Logró alcanzar la frontera francesa con dificultad, aunque el 17 de agosto de 1957 regresó de nuevo a Barcelona —el último viaje— acompañado del italiano Goliardo Fiaschi y de Luis Agustín Vicente. “A Facerías sus amigos le habían preparado el embarco hacia América, donde contaba con amistades sólidas que ansiaban abrazarlo. Pero no, España era para Facerías —como para Sabaté— una llamada fascinadora”, escribe Téllez Sola. El 30 de agosto Facerías había concertado un contacto con dos viejos compañeros en las inmediaciones del manicomio de San Andrés. Cuando acudió a la cita, los dos amigos, sin saberlo él, habían sido ya detenidos.

Siguiendo su costumbre, Facerías tomó un taxi y una hora antes de la entrevista, recorrió la zona con el fin de observar si había algo anormal. Pero la policía había organizado el cerco de forma tan discreta que Facerías no advirtió ninguna anomalía. Esta vez, no había escapatoria posible.

Cuando llegó la hora de la cita, se le dio el alto a Facerías; éste sacó su pistola y trató de defenderse. Herido en una pierna se refugió con cierta dificultad en una esquina del paseo de Verdún. Luego se arrojó a un solar para escapar. El golpe fue desde unos cuatro metros de altura. Sin embargo todo fue inútil. Intentó arrojar una granada y un nuevo disparo le causó la muerte. Otras versiones aseguran que ni tiempo tuvo de empuñar la pistola, cayó acribillado por una descarga cerrada de los que estaban apostados esperando el momento que se les diera la señal de disparar.

“LOS MAÑOS” Según opinión de Pons Prades “Este grupo —formado por Wenceslao Giménez Orive “Wences” y “Jimeno”, Simón Gracia Fleringan, Ángel Marqués Urdí “Pepito”, Plácido Ortiz, Salgado, D. G. M., “Rodolfo”, César Saborit Carrelero y el traidor del grupo, Aniceto Pardillo Manzanero—, a pesar de todo el respeto, en determinados casos que puedan merecemos los hombres que ofrendan su vida en defensa de unas ideas no puede impedir que califiquemos su periplo activista de como antiguerrillero por excelencia.

En sus idas y venidas —colaboración en el atentado contra un alto funcionario de la policía barcelonesa (Quintela), y sus dos proyectos no natos de atentado contra Franco, primero por tierras zaragozanas y luego en Madrid— no se respetaron nunca las mínimas normas de seguridad, se mezcló la tibieza con la inconsciencia, y se puso en evidencia una peligrosa falta de preparación y la suma imprudencia con que se organizaron algunas acciones: el atentado contra Franco en Madrid, por ejemplo.

En resumen, lo que nunca un grupo guerrillero -ni montañero, ni urbano, ni subterráneo- debe hacer -sobre todo en la España de la posguerra- lo harán “los Maños”: actuar en plan de francotiradores integrales, máxime cuando no disponían ni de recursos adecuados ni de elementos mínimamente preparados para dirigir las acciones”.

Wenceslao, inclinado por idiosincrasia a la acción, se unió a un grupo de guerrilleros y permaneció en la montaña algún tiempo. No obstante, su espíritu inquieto no pudo amoldarse a esta vida, pues, dada la escasez de medios con que contaban, los guerrilleros rurales vivían más bien en plan defensivo, más preocupados en escapar a la incesante persecución de las contrapartidas de la Guardia Civil que en preparar acciones ofensivas.

¡Cuánta sangre generosa derramada!.. Pero, más que nada, lo que les sacaba de quicio era la impotencia, es decir, la falta de recursos que impedía llevar a la práctica los planes convenidos. Esta carencia de medios fue lo que impidió siempre a los grupos urbanos —o rurales— el poderse dedicar a actividades de mayor cuantía: siempre estuvieron obligados a contar con la peseta.

La ruptura de “Wences” con Facerías, a fines de 1948 —banal e incomprensible en todo punto— ilustra bastante bien el afán de protagonismo que perdió a no pocos jóvenes libertarios, arrastrando con ellos a otros abnegados muchachos. He aquí los hechos que motivaron el distanciamiento entre los dos luchadores: A Barcelona llegó un antiguo compañero de “Wences”, recién salido de la cárcel, quien por cierto se veía permanentemente asediado por la policía, que cada dos por tres lo convocaba para interrogarle. Fichado, vigilado y además constantemente visitado por compañeros que llegaban de Francia, Madrid o Barcelona, sin contar los que salían en libertad y que iban a verle, se encontraba en una situación de compromiso, no sólo para él sino para todos los demás.

El llamamiento de “Wences” le decidió a unirse a él y ponerse inmediatamente al margen de la ley. Facerías se enteró de la entrevista y disgustado al ver que “Wences” había obrado en contra del criterio general del grupo prescindió de él en el atraco al Banco Hispano-Colonial. Cuando “Wences” supo que el grupo había pasado a la acción ignorándole pidió la baja en el mismo y les anunció la inminente constitución de otro, los “Maños” Por suerte, un veterano luchador, Pedro Adrover Font “el Yayo”, sirvió de enlace al grupo de “los Maños” con la organización cenetista en el exilio.

“El Yayo” cayó en octubre de 1949, junto con Luciano Alpuente “Madurga” (que fue abatido en plena calle), José Pérez Pedrero y Jorge Pons Argilés, que serían ejecutados poco después. Muchos eran los que portaban veneno por si eran apresados por la policía, para escapar de los terribles e interminables interrogatorios en donde podían delatar a sus compañeros. “Wences” llevaba preparados 20 centígramos de veneno en la parte superior de su pluma estilográfica con idéntico fin.

El 9 de enero de 1950 se produjo un encuentro con la policía en donde cayó herido gravemente “Wences”. Supo ser fiel a su pensamiento y utilizó del veneno que llevaba preparado antes de entregarse. Los otros dos miembros de procedencia aragonesa fueron detenidos el mismo día, así como el que hacía de enlace. Los había delatado el otro del grupo, Niceto Pardillo. Aquí desapareció el grupo “los Maños”

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