viernes, 26 de marzo de 2010

La Guerrilla en Asturias y Cantabria (1)

Octubre de 1948: Guerrilleros asturianos, ya evacuados por mar, en San Juan de Luz.
"Audaz, libre y valiente guerrillero del Norte, cántabro y asturiano..."

"Audaz, libre y valiente / guerrillero del Norte, / cántabro y asturiano / Águila arrogante / surgida de la mina, / de hollín tus alas teñidas / de la negra antracita

Alzando rauda el vuelo / sobre altas montañas, / sobre feraces valles, / sobre verdes bosques. / Con mirada atenta y alerta / sus grandes alas acogen / en el pozo, al picador
del metal, a su domador / al campesino de avara tierra, / a todos, obreros oprimidos / que alzan al cielo su mirada.

Audaz, libre y valiente / guerrillero del Norte, / cántabro y asturiano." (Anónimo catalán)

Alberto Bru

Las Guerrillas en Asturias y Cantabria
Fuentes: Antonio Brevers, Secundino Serrano, Pons Prades y Francisco Aguado

Doce siglos después que comenzara la Reconquista desde Asturias, volvía esta tierra a alumbrar nuevas levas de bravos guerrilleros, luchadores de la libertad, dispuestos a quemar en el pebetero de la Patria, sus vidas e ilusiones.

Todo se perdió en una lucha larga y baldía, donde la política o los "politiqueos" fueron peores adversarios que las tropas regulares, la Guardia Civil, las contrapartidas o los somatenes: éstos eran el enemigo declarado, el otro, tal vez el mas letal, el solapado.

Es deber de todo bien nacido, rescatar del anonimato y la indiferencia a quienes tanto dieron y tan poco recibieron. Guerrilleros del Norte, siempre tendréis nuestra admiración y el afecto de nuestro reconocimiento. Vaya a ellos el respeto de nuestro recuerdo.

ANTECEDENTES

La represión franquista - Testimonios

"Nos llevaron a la Plaza de Toros, donde había miles de camaradas en la misma situación que nosotros. También había prisioneros en El Cerillero, La Iglesiona, El Coto, Falange y en las cuadras del cuartel de la Guardia Civil de Los Campos. Por las noches, sentíamos tiros y ráfagas de ametralladora y creíamos que eran partisanos: ¡qué equivocados estábamos! Los disparos eran en la playa, en La Providencia o en el cementerio de Ceares, lugares preferidos por las “chekas” (de Falange) para efectuar sus asesinatos. De La Iglesiona, por camiones sacaban a los prisioneros para asesinarles en Ceares. La brutal, salvaje y ensañada represión sobre el vencido comenzaba así en Gijón."

"Llevaríamos quince días en la Plaza de Toros, cuando un día de principios de Noviembre llegan los Guardias de Asalto en tromba y dando leña a todo el mundo como siempre. Pero esta vez mandan que los asturianos formásemos dentro de la Plaza. Creíamos que era una formación más, pero, no sé por dónde se supo, pronto circuló el rumor de que nos marchábamos. Formar a más de mil personas con edades que iban de los dieciséis a los sesenta años y con los de Asalto repartiendo leña origina confusión y lleva su tiempo. Rápidamente, me fui al lugar en el que acampaba, cogí una manta, el macuto con ropa, la maquinilla de afeitar, el plato y la cuchara, y volví a la formación, que aún tardó en terminar de hacerse. Igual que yo hicieron otros, y acertamos, pues una vez formados nos sacaron de la Plaza. Me quedó allí otra manta y casi toda la comida que me había llevado mi madre, todo lo cual di a los gallegos.

A la salida de la Plaza, una chica, llorando, gritó: “¡Adiós, padre! ¿Dónde te llevan?” Y al mismo tiempo trató de darle un abrazo. Un guardia de Asalto le pegó una bofetada, la cogió bruscamente por un brazo y gritando: “¡Hala, roja, tú también!”, la metió en la formación. La llevó hasta El Muelle y allí la mandó marchar.

Fuimos caminando por Marqués de San Esteban, sin saber si el destino era la Estación del Norte o El Musel. Sería El Musel. Entre mi amigo Granda y yo, como buenamente pudimos, llevamos casi en volandas a un señor, ya mayor, de Caravia Alta, el cual estaba enfermo y muy reumático, por lo que apenas si podía andar. Tiempo después, a este mismo señor lo trajeron de vuelta del campo de concentración para Gijón y le fusilaron.

En La Calzada, próxima a Cuatro Caminos, había una fuente al lado de la calle. Varios prisioneros se acercaron a ella para saciar su sed y, al momento, fueron maltratados por los guardias con toda clase de golpes, patadas y bofetadas. Uno de ellos estaba bebiendo por un plato, lo que le impidió ver acercarse al guardia que, de un culatazo, le metió el plato por la boca y le partió tres dientes." (Jose Enrique Llera Iglesias)

"Siempre demostró el capitan Casariego la fidelidad a sus ideas, pero jamás utilizó la venganza y la crueldad con sus enemigos. Se hizo notorio su comportamiento con un grupo de prisioneros “rojos”, capturados por su unidad en los combates de la asturiana Sierra de Cuera, en el concejo de Llanes. Como sabía que iban a ser fusilados, los llevó a “tierra de nadie”, ordenó al piquete que disparasen al aire varias ráfagas de fusil ametrallador y mandó a los prisioneros (jóvenes bisoños de las últimas quintas movilizadas por los republicanos) que huyesen por el monte. Con aquel fingido “fusilamiento”, salvó el capitán Casariego una veintena vidas.” (Juan Antonio Cabezas)

"Mi padre no quiso evacuar. Decía que no había hecho nunca nada malo y que, por lo tanto, no tenía nada que temer; que solamente había defendido una idea y nada más. (...)Cuando acabó todo ya en Asturias, mi padre se vino para casa. No se quiso ni esconder. Un día, el veintisiete de Octubre, estábamos a la hora de comer sentados todos en la mesa. Picaron a la puerta y él mismo fue a abrir. Eran tres o cuatro falangistas de la “Bandera de Santander”:

- ¿Eduardo Prieto Menéndez? -preguntaron.
- Un servidor -contestó mi padre.

Entraron y nos registraron toda la casa. Se llevaron todo lo que quisieron: cadenas de oro, las botas de militar..., todo lo de valor que encontraron. Se lo llevaron a él y, además, se marcharon cargados de todo lo que les apeteció. No les debió de parecer bastante, porque al día siguiente volvieron con la disculpa de llevarse la pistola de papá, y en casa no estaba. Era también la hora del mediodía.

A mi padre, los de Falange, le metieron en un local que tenían donde está el Banesto de la calle Corrida, pero que se entraba por detrás, por la calle Libertad. Creo que le llevaron también a un cuartel de la Guardia Civil. Le dieron unas palizas de muerte. Había un guardia civil que le tenía ganas porque, antes ya de la guerra, mi padre se había interesado y protegido a un aldeano al que acusaban de haber prendido fuego a la casería que llevaba en renta. Mi padre sabía que no había sido él y le escondió en casa.

En el local de Falange, le metieron en un cuarto con más presos. Entró el famoso “Paco Lunares” y dijo:
-¡Uf, buena redada tengo para esta noche! Me duele el dedo de darle al gatillo, pero el corazón me pide sangre.

Nosotros lo sabemos porque uno de los que estaban allí se salvó y se lo contó a mi tío en Méjico. Mi madre fue a ver a una cuñada, Matilde, que era monja Dominica, para decirle que el hermano estaba preso. Le respondió que no podía hacer nada porque, si se metía, le quitaban los hábitos; o sea, que para ella eran primero los hábitos que intentar salvar la vida del hermano.

(...)Mi madre anduvo buscando a mi padre por entre los presos de la Plaza de Toros, por la cárcel, por todos los sitios... ¡Y ya le habían matado! (...)Mi madre quedó viuda a los cuarenta años y con seis hijos. Antes de la guerra, vivíamos bien, luego, nos tocó pasar hambre, necesidades, no poder estudiar... " (Teresa Prieto)

"A mi hermano Félix le cogieron los de la Guardia Civil en el pajar de la casa de la novia. Hubo un chivatazo, fueron y rodearon la casa. Le gritaban que se entregase, pero nada. Tenía una pistola y les disparaba desde la ventana del pajar. Como tenían miedo a entrar, prendieron fuego al pajar.

Cuando se vio perdido, con la última bala de la pistola, se asomó a la ventana, les gritó que era Félix Ordás y se pegó un tiro. El cadáver, medio quemado, lo metieron en un saco y lo trajeron para Cangas. Lo tuvieron tirado delante de la cárcel, en exposición, para que la gente lo viese. Poco después, veníamos mi madre y yo (Mercedes) de andar recogiendo castañas. Nos cruzamos con el barrendero y otros que iban con el carro de la basura en dirección al cementerio. Nosotras no sabíamos nada, pero notamos algo raro y nos quedamos mirando para atrás. Nos dijeron que siguiéramos para adelante y que no miráramos: Llevaban el cuerpo de nuestro hermano Félix.

A los cuatro o cinco días fue cuando nos soltaron a Remedios y a mí (Benigno) en el campo de concentración de Figueras. Llegamos aquí el día dos de Diciembre, no se me olvida, porque era el día siguiente de la feria. También intentaron quedarse con lo que teníamos. Un día, llegó a casa un papel del Estado diciendo que en el plazo de veinticuatro horas teníamos que entregar la parte de la herencia que les correspondía a los dos hermanos que nos habían matado." (Mercedes Ordás Roza)

“Estábamos en pleno combate en la Sierra del Mazuco, cuando sentimos gritar a nuestras espaldas: “¡alto, paisa!, ¡alto, paisa!” Nos coparon, pensé. Miro tras de mí y veo a un numeroso grupo de moros. Los teníamos a nuestras espaldas apuntándonos y con las bayonetas caladas. Nosotros seríamos unos cincuenta. Levantamos los brazos y se acercaron a nosotros y empezaron a cachear a la gente. Lo quitaban todo: botas, carteras, relojes, chaquetas de cuero, todo. ...Y luego los asesinaban hundiéndoles la bayoneta.

Me llegó el turno; me estaba quitando las botas y no acertaba. El moro, bayoneta en ristre, me metía prisa. Yo no podía más, viendo la muerte en las manos de aquel asesino. Me acordé de mi hija que, con poco más de un año, se quedaba huérfana. Me hice por mí las necesidades, pues en esos momentos los valientes no existen.

Como en el cine, la salvación llegó en los últimos segundos: la mía y la de dieciséis compañeros más. Apareció un alférez español de Regulares que, fusta en mano y hablando en árabe muy indignado, empezó a repartir fustazos a diestro y siniestro. De esta forma se terminó la matanza. Nos puso una escolta de soldados españoles y nos bajaron para Llanes.” (Testimonio del hermano de Jose Enrique Llera Iglesias)

«Al derrumbarse el Frente Norte, estaba en el sector de Buenavista, en Oviedo, como teniente del Batallón “Onofre” nº 207, que formaba parte de la 1ª Brigada Móvil que mandaba Higinio Carrocera. (...)Yo seguí allí, en mi puesto, desesperado, sin saber qué hacer. (...)A mí no vino nadie a avisarme para salir por mar hacia Francia. (...)Yo no resistí que se llevaran a mi padre por mi culpa, bajé y me entregué. Era el día tres de Diciembre de 1937.

Me llevaron en coche hasta El Rinconín y dieron vueltas por allí, como que iban a “pasearme”. A eso de las cuatro de la mañana me llevaron al cuartel de Los Campos. Aquello era... ¡terrible, terrible, terrible! ¡No puede nadie imaginarse lo que era aquello! Las palizas eran terribles. Se veían trozos de piel humana pegada a las bridas y a las “pichas de toro”. (...)Decían que lo peor era que te llevasen a Falange; luego, a la Guardia Civil, y, luego, a Asalto. " (Fermín Lopez de Vega)

"El 23 de octubre de 1937 llegamos a Trubia y ahí nos cogieron prisioneros. Eramos miles de prisioneros. Poco a poco nos fueron tomando la filiación a todos. (...)Por todos los sitios donde había prisioneros pasaban las “chekas” de Falange de cada municipio a buscar a los que les interesaban.

(...)Al cabo de unos meses, vinieron unos camiones para llevarnos para el campo de concentración que había en el antiguo manicomio de La Cadellada, al lado de Oviedo. Ahí fue donde se formó el batallón de Trabajadores en el que me tocó a mí.

(...)En Alicante estuvimos dos meses. Aquello sí que fue trágico: ¡cómo corría la sangre, Dios mío!. Estábamos en un campamento y todos los días, todos los días, a primera hora de la mañana, bajaba el camión chorreando sangre.

Venía cargado con los cuerpos de los que acababan de fusilar y la sangre salía por los costados de la caja.... ¡Dios mío, Dios mío!" (Teniente José Segurola Pérez)

Asturias y Cantabria: Descripción geográfica

La condición geográfica de estas dos comunidades nos empujan a unirlas en la historia de sus guerrillas, pues el paso de las mismas era fluido de uno a otro lado y sobre todo camino obligado para alcanzar la frontera con Francia, lugar de entrada y salida de la mayoría de ellos.

La cordillera cantabrica de 400 kms. de longitud es la espina dorsal de ambas comunidades, pues limita al O. Con el macizo galaico y al E. Con el Pais Vasco. Forma una línea de costa y recortada con alturas entre 300 y 500 mts. Y una región interior con alturas importantes como los Picos de Peña Rubia y Peña Urbina (2417 m) En la vertiente oriental de la región interior se haya el puerto de Pajares (1364 m,) y más el E. Se alzan una línea de montañas con altitudes superiores a los 2.000 m. Las Brañas, donde se localizan los Picos de Europa.

Con esta orografía, que compartían ambas comarcas, es difícil concebir su endeble defensa ante las tropas enemigas y facil entender que en ella buscaran refugio los que tuvieron que huir, santanderinos o asturianos.

Agosto 1937: Primero fue Santander

Santander, arrollado en pocos días, por las tropas italianas y franquistas decide la evacuación de sus efectivos humanos y material hacia su vecina Asturias. Recogemos testimonio del general Gamir Ulibarri donde intenta defenderse de la acusación de abandono de sus fuerzas y huida a Francia.

"Este mando decide la retirada con toda premura sobre Asturias, dando cuenta al gobierno, en radiograma, de aquella retirada y [de la] conducta de los batallones nacionalistas vascos.

"...el enemigo logró establecer una cabeza de puente en Barreda, cortando la comunicación por carretera entre Santander y Asturias.
"Al tener conocimiento de la ruptura, se dio por el general jefe del ejército a sus jefes de estado mayor la orden de evacuación de Santander, aprovechando la flota pesquera, muy numerosa, y otros barcos y motoras que había en el puerto en reserva para este caso... la operación debería estar terminada a las 5 de la mañana, para evitar la catástrofe que supondría si el enemigo, dominase la entrada de la bahía y la actuación de día, en combinación con tierra, de los barcos facciosos que con el "Almirante Cervera" bloqueaban el puerto.

Las autoridades, personal de los organismos civiles y judiciales, dirigentes de partidos y organizaciones, comandancia de las armas y servicios que tenían su destino en la plaza, así como víveres y 1.200 toneladas de material de guerra salieron en tres barcos, uno de los cuales, a la vuelta, después de dejar la carga, fue cañoneado y hundido por el "Almirante Cervera". Otras 1.000 toneladas habían salido anteriormente en tres trenes de 30 unidades cada uno. Todos fueron evacuados aquella noche hacia los puertos de Asturias, excepto algunos barcos con personal de diversas categorías civiles y militares que, ya fuera del puerto, contraviniendo las órdenes recibidas, pusieron rumbo a las costas francesas, privando [al mando] de unas embarcaciones que, al retorno, habrían podido embarcar más tropas y material.”

El resto es un minucioso relato de cómo el submarino C-4 burla el bloqueo y deja en Gijón sanos y salvos a mandos y autoridades que en días anteriores no habían podido ser evacuados por tierra. De todas formas fue inevitable que quedaran fuerzas dispersas por la rapidez del avance rebelde y lógicamente su único recurso, como a casi todas las provincias, fue refugiarse en los montes y en los bosques para luego engrosar las unidades guerrilleras.

La "justicia al revés" de los vencedores

Caerían mas de 20.000 prisioneros republicanos cántabros en aquella ratonera. Muchos de ellos, impotentes, morirían ejecutados tras sendos "Consejos de Guerra Sumarísimos", acusados de "rebelión", "auxilio a la rebelión" y "apoyo a la rebelión", invirtiendo el término de rebelde para los vencidos, que en realidad habían sido los defensores de la legalidad vigente.

Una curiosa "justicia al revés", como diría Serrano Súñer, el Cuñadísimo..

Asturias, Patria Querida, ...Asturias, Patria del Socialismo

Fue Asturias, indiscutiblemente, la patria del socialismo, pues hacia 1890, Pablo Iglesias creaba en EL Principado los primeros núcleos socialistas y, también en 1910 acogió la fundación del Sindicato Minero que dirigió Manuel Llaneza.

Caló hondo, desde el principio, entre el proletariado asturiano las ideas socialistas que venían a llenar el gran vacio de justicia social que existía en todo el país y despertaban las ansias de libertad e igualdad del proletariado. En esta región se agudizaba mayormente por las condiciones de dureza del trabajo en la mina que hacían más evidentes las desigualdades sociales. Mineros y metalúrgicos formaban la gran masa trabajadora que acogió con entusiasmo el credo redentor del socialismo.

¿Qué significación política, dentro ya del cuadro de las organizaciones extremistas, tuvo la revolución de octubre? Puede decirse, que los acontecimientos del Octubre 1934 asturiano fue obra casi exclusivamente socialista. Lo fue, de modo total, en su gestación y organización, bien que intervinieran a última hora los dirigentes y grupos anarcosindicalistas, y en el momento de iniciarse la revuelta, los comunistas, que se integraron en un Comité dirigido por los primeros.

La C.N.T. y la F.A.I., salvo en Gijón y La Felguera, tenían en la región relativa fuerza, y muy escasa el Partido Comunista español; en cambio, el Socialista, con su filial, la Unión General de Trabajadores, presentaba allí un frente extenso y compacto, y una historia muy nutrida en fecundas experiencias.

Octubre: Dos veces fatal para los socialistas

Una vez, iniciada la revolución, el fracaso de la revuelta en el resto de España dejó a los asturianos abandonados a sus propias fuerzas y condenados a la derrota. Entonces volatilizóse el primitivo Comité, apareciendo un segundo, constituido totalmente por comunistas, que fueron los que realmente continuaron la resistencia; acto de indudable valor revolucionario que pronto sería debidamente explotado. Por otra parte, la huida de los dirigentes socialistas de los puestos de peligro, sus vacilaciones, la falta de eficacia en su dirección y la ayuda prestada luego a ellos y sus familiares por el aparato ilegal del Partido Comunista, para que pudieran escapar y refugiarse en la U.R.S.S., de donde volverían cambiados totalmente, fueron objeto de una copiosa propaganda.

Es decir, que siguiendo una vieja táctica y siempre actual, los frutos de la revolución de Octubre fueron recogidos, tanto o más que por los socialistas, por los propios comunistas, mejor dirigidos desde fuera y con mucho más fervor revolucionario. Asturias se impregnaba así de un mayor extremismo.

La represión fue dura. El saldo supuso 1.335 muertos, 2.921 heridos, 750 edificios destruidos o seriamente dañados y el censo de las cárceles se engrosó en 30.000 reclusos. Poco, nadie podía pensar que aquello era sólo el preludio de lo que estaba por llegar.
Dos años después volvieron a ocurrir los desdichados hechos del desmoronamiento del Frente del Norte y otra vez el resto de España republicana lo admitió sin otra conmoción que la que podía ocasionar cualquiera de las derrotas, a las que parecía se iba acostumbrando. Se producía, para Asturias, el segundo Octubre con consecuencias represivas mucho más atroces, si cabe, que durante 1934.

No fue posible un "Dunkerke"

Ante el avance de las fuerzas enemigas y el desmoronamiento del Frente, no se tomó ninguna medida de previsión, como prevención militar inteligente, que hubiera sido tener preparado el dispositivo para una retirada honrosa y a la vez provechosa, salvando el máximo de unidades operativas amén de cualquier resto disperso que se pudiera reintegrar al conjunto del EPR.

Este abandono de las mínimas atenciones por parte de las autoridades republicanas y del Consejo Soberano de Asturias y León, motivó que la mayor parte de los combatientes no pudieran embarcarse ni en dirección a otros frentes republicanos ni hacia el exilio. Pero si las autoridades políticas y militares huyeron en su mayoría y el caos se apoderó de los vencidos.

Según Juan Antonio Sacaluga: "Muchos jefes de batallones se negaron a aceptar el puesto que se les ofrecía -en el supuesto caso de que pudieran llegar al puerto correspondiente-, porque en la oferta de sus superiores no iban incluidos los hombres a su mando”. Los puertos de Gijón y Avilés estaban colapsados. Esta actitud irresponsable acarreó que unos 9.000 milicianos se quedaran aislados, sin posibilidad de huida.

Como resultaron fallidos los intentos colectivos de evasión, las montañas asturianas seguían pobladas de huidos. Predominaban desde 1937 aquellos que habían tenido responsabilidades en las organizaciones políticas y sindicales de izquierda, o cargos públicos en el periodo republicano.

Familiares, amigos y pastores les facilitaban la información de los movimientos de las fuerzas represoras y les proporcionaban el alimento y enseres indispensables para sobrevivir. Para evitar conflictos y no manejarse en el filo del bandolerismo, pagaban la comida que necesitaban, dinámica que los diferenciaba del resto de otros huidos españoles. Apenas llevaban a cabo golpes económicos o expropiaciones (atracos contra personas e intereses de los franquistas)

Aguantado el primer empuje de la represión, los elementos dispersos, por instinto de conservación, inician, mediante la búsqueda de la ayuda familiar, una corriente migratoria hacia las zonas o comarcas de naturaleza, origen de los más tarde focos conflictivos que dieron en llamarse zonas de huidos.

Esta corriente, partiendo de Asturias, fue en doble dirección, tanto hacia el Este, Cangas de Onís-Llanes-Potes, buscando su enlace con las partidas guerrilleras santanderinas y prolongándose por las rutas tradicionales hasta la frontera franco-española, como hacia el Oeste, Cangas de Narcea-Ponferrada-Monforte de Lemos-Lugo, en busca también de contactos con algunos grupos gallegos que, ya a partir de 1936, nada más producirse la Rebelión militar, habían preferido huir al Monte o escapar de momento a Portugal, antes que incorporarse a las filas fascistas.

El "Ejército de la Reconquista": Un hueso duro de roer

En Asturias los huidos alcanzaron una presencia importante sobre todo a partir de que cayera en manos de los sublevados la totalidad del frente Norte. Perdida Asturias, las fuerzas gubernamentales del Principado quedaron aisladas. Para su aniquilamiento las tropas rebeldes hubieron de llevar a cabo las operaciones un tanto apresuradamente, antes de que las nieves entorpecieran el paso de tropas por los puertos de montaña. Quedarían enquistados en los accidentados valles cántabros unos dos mil hombres, que actuaron por su cuenta bajo la denominación de “Ejército de la Reconquista”. Estos núcleos armados, restos de unidades desarticuladas o diezmadas, implicaron para su eliminación un considerable despliegue de tropas nacionalistas, dedicadas a operaciones de limpieza.

La propaganda gubernamental aireó considerablemente la existencia de estos núcleos armados, a los que enalteció con grandielocuentes declaraciones, parca ayuda para tan valientes hombres. ¡Qué distintas hubieran sido las cosas si la República, además de buenas palabras, les hubiera enviado, cuando menos, a las tropas que deambulaban por el Principado unos mandos profesionales para nuclear tanto valor!

Qué oportunidad perdida...Estos huidos fueron hueso duro de roer, tal es así que reconoce Aguado que se requirió medio año para ser desmantelados. Y añade que fue una “experiencia muy interesante para las tropas regulares del Ejército nacionalista, enfrentado por primera vez durante la guerra civil con un problema de esta naturaleza”.

La táctica empleada, no con pleno acierto, puede sintetizarse en: -Creación de un ambiente de vida desfavorable para la acción de los huidos mediante movimiento de columnas y organización eficaz de un servicio de información, para su localización y captura.
- Las tropas destinadas a este cometido fueron 15 Tabores de Regulares, ocho batallones de Infantería y un grupo de obuses de 105/11, distribuidos en seis circunscripciones: Mieres, Infíesto, Grado, Cangas de Narcea, Ponferrada y Lugo.

Los "nacionales", sí que comprendieron el peligro que podía suponer para ellos tener a sus espaldas y en aquellos terrenos, tal cantidad de fuerzas con experiencia de lucha.

Sin embargo, a este plan de rastrilleo y pacificación total le faltó continuidad, hasta profundizar lo necesario para !a total liquidación de los elementos huidos. Tal vez el ejercito rebelde consideró suficiente sus acciones de “limpieza” o bien la necesidad de acudir a otros frentes les obligó a abandonar el campo y creyeron que con las fuerzas del orden sería suficiente para liquidar a los últimos elementos que se refugiaron en los escondites naturales que ofrecía la abrupta geografía de la región.

Hubo desde luego al principio una acción eficaz de actuaciones y enfrentamientos masivos, más parecidos a operaciones militares que policiales, pero quedó inevitablemente el sedimento de los elementos dispersos,

Durante algún tiempo, la única preocupación de los que habían conseguido ocultarse, fue la de pasar desapercibidos, en espera del momento que les permitiese reagruparse.

No es de extrañar que el número de huidos bajara fuertemente, pues ya hemos vistos que los franquistas no se tomaron a humo de pajas lo que era un peligro latente, por eso en mayo de 1938 apenas quedaban escondidos unos 1.000 hombres en los montes. Los restantes se entregaron, fueron detenidos o muertos

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