domingo, 28 de marzo de 2010

Cine: LA PATRULLA PERDIDA


DOSDECATORCE PRODS.
HISTORIA

«1936. En algún lugar de la campiña cordobesa, una patrulla de guerrilleros republicanos se adentra en territorio enemigo para destruir unas vías de tren cruciales para las comunicaciones del ejército franquista.

Perdidos en el monte, y rodeados de fuerzas enemigas, deben elegir entre completar la misión o encontrar el camino de vuelta a su frente antes de que el enemigo les descubra. Ellos son LA PATRULLA PERDIDA»

LA PATRULLA PERDIDA es un cortometraje de cine bélico sobre la Guerra Civil Española dirigido por Guillermo Rojas, producido por Dosdecatorce Producciones, Áralan Films, Fíngaro (creación sonora), y protagonizado por Félix Gómez, William Miller, Jaime Martín, Esteban Garrido, Fernando Gómez, Fabio Arrante, Ángel Ridao, y Cristina Domínguez, y que cuenta, además, con la colaboración especial de Pedro Casablanc y Juan Díaz.

El corto cuenta en 19 minutos la historia de una patrulla de soldados republicanos que cruza el frente enemigo para sabotear un importante nudo de comunicaciones del ejército franquista. Es un proyecto gestado a lo largo de tres largos años y que habla de la singular figura de LOS NIÑOS DE LA NOCHE, un comando de soldados del que posteriormente sería el XIV Cuerpo Guerrillero del Ejército Popular de la República, que combatió en Andalucía realizando importantes y peligrosas operaciones de sabotaje en el frente nacional.

El director y el productor del corto conocieron a varios ‘Niños de la noche’ al realizar el documental MILICIANOS ANDALUCES, DEFENSORES DE LA LIBERTAD (producido por Dosdecatorce Producciones y el Foro Ciudadano para la Recuperación de la Memoria Histórica de Andalucía) que narra las vivencias e historias de antiguos combatientes andaluces en la Guerra Civil Española.

Durante varios meses tuvimos la suerte de poder entrevistar a ex-soldados y suboficiales republicanos que nos contaron multitud de cosas interesantes sobre sus quehaceres diarios en el campo de batalla. Hablamos de la llegada a sus pueblos de las tropas franquistas en los primeros días del alzamiento. Hablamos también de su huída hacia los montes, y de su posterior alistamiento en las milicias republicanas que en esos primeros días de enorme confusión ya se estaban creando. Nos contaron cómo fue su instrucción en el manejo de las armas, dónde fueron al frente por primera vez, y cuándo vieron caer a un amigo suyo junto a ellos.

De vez en cuando, alguno de nuestros entrevistados hacía referencia con notable admiración y elogio, a los que ellos llamaban LOS NIÑOS DE LA NOCHE. A alguno incluso se le saltaban las lágrimas al hablar de ellos, al recordar a aquellos a quienes consideraba, sin ningún género de dudas, los miembros más valientes y osados de todos los compañeros con los que luchó durante la guerra.

Tras hablar con ellos, y consultar e investigar el trabajo de historiadores sobre el asunto, nos enteramos que LOS NIÑOS DE LA NOCHE era el apodo con el que se conocía a los comandos especializados de soldados republicanos pertenecientes al XIV Cuerpo Guerrillero del Ejército Popular. Estos comandos, se adentraban durante la noche —principalmente en las provincias de Córdoba y Jaén— tras las líneas enemigas para realizar peligrosas misiones de sabotaje y destrucción de importantes emplazamientos franquistas. Sus incursiones resultaban a menudo vitales para la resistencia del frente republicano ya que se encargaban de encontrar y destruir puentes, estaciones de tren, nudos de comunicaciones, o centros de mando del Ejército franquista.

Las patrullas nocturnas de LOS NIÑOS DE LA NOCHE estaban casi siempre formadas por no más de siete u ocho miembros especialistas en explosivos, con el cargo de zapadores del Ejército republicano. Las patrullas estaban capitaneadas por un sargento o un teniente que guiaba a los hombres a realizar única y exclusivamente el objetivo asignado. No era deber de LOS NIÑOS DE LA NOCHE enfrentarse o atacar a las tropas franquistas sino más bien lo contrario. Las patrullas debían pasar todo lo desapercibidas que les fuera posible con el fin de no encontrar obstáculo que les dificultara la buena consecución de su misión.

Al caer la noche, cruzaban la zona de trincheras y se adentraban en territorio enemigo; entonces, localizaban su objetivo, lo destruían, y con suerte regresaban a su campamento antes de que amaneciera. Como es lógico, no siempre cumplían sus misiones. Había ocasiones en que no regresaban todos los soldados que habían partido, y también veces en que no volvían antes del amanecer.

Nos dimos cuenta que en las vivencias y experiencias de LOS NIÑOS DE LA NOCHE había material para una buena historia. ¿Cómo serían esos hombres? ¿Qué les motivaba? ¿Qué les atemorizaba? ¿En qué pensaban para aventurarse en tan arriesgadas misiones? Estas y otras preguntas similares que nos hacíamos hacían que cada vez estuviéramos más interesados en contar la historia de LOS NIÑOS DE LA NOCHE ya que nos parecieron, desde un primer momento, realmente fascinantes. Fascinantes, valientes, entregados a una causa, e incluso temerarios porque… ¿qué pasaría si una solitaria patrulla de soldados republicanos se perdiese en su incursión nocturna y se encontrase a plena luz del día entre cientos de soldados franquistas? ¿Cómo regresarían? ¿Les daría tiempo a completar su misión? ¿Saldrían vivos de esa temible encrucijada?

De todas estas preguntas y de sus posibles respuestas nació el relato LOS NIÑOS DE LA NOCHE, escrito por Guillermo Rojas, que fue finalista en el I Certamen de Narrativa sobre Recuperación de la Memoria Histórica y que supuso a la postre el verdadero germen del cortometraje.

Con LA PATRULLA PERDIDA intentamos completar una parte de lo que contábamos en MILICIANOS ANDALUCES, DEFENSORES DE LA LIBERTAD, y recrear una de las más interesantes historias de la guerra civil de nuestro país. Tras meses de preproducción y de búsqueda de financiación, el rodaje de LA PATRULLA PERDIDA tuvo lugar del 17 al 24 de julio de 2008 en las provincias de Córdoba y Sevilla con cámaras Red One y el apoyo de la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía, la Delegación de Cultura de la Diputación de Córdoba, y el Área de Cultura del Ayuntamiento de Córdoba.

El corto ha sido galardonado con una Mención Honorífica en el VIII Concurso de Proyectos de Cortometrajes de la Fundación Bancaja.


CONTEXTO HISTÓRICO:

LA CAMPAÑA DE LA ACEITUNA

La historia que cuenta LA PATRULLA PERDIDA aunque no ocurrió realmente, está basada en un contexto histórico determinado conocido como LA CAMPAÑA DE LA ACEITUNA.

En Andalucía, desde el principio de la Guerra Civil, se ha establecido el frente en Villa del Río y Montoro, cerca de la divisoria provincial entre Córdoba, que está en manos de los nacionales, y Jaén, que es republicana. Mientras se combate en Madrid, este frente está tranquilo, pero en diciembre de 1936 los nacionales lanzan una ofensiva que aunque no alcanza sus objetivos —la ocupación de Andujar y Linares para cortar los accesos a Madrid por Despeñaperros— logra conquistar los pueblos de Montoro, El Carpio, Adamuz, Pedro Abad, Villa del Río, Lopera y Porcuna. Esta ofensiva sobre la campiña cordobesa fue orquestada por el general Queipo de Llano, llevada a cabo por el teniente coronel Redondo, y conocida popularmente como ‘campaña de la aceituna’ porque coincide con las fechas en las que se recogen las olivas.

Los republicanos tienen casi todas las reservas comprometidas en la defensa de Madrid, pero envían la XIV Brigada Internacional, integrada por voluntarios franceses, austriacos, británicos, y de algunos países del Este. Entre los brigadistas predominan los intelectuales, escritores, periodistas y profesores. Los soldados son bastante bisoños y los mandos tan incompetentes que algunos ni siquiera saben interpretar un mapa. Uno de ellos, el coronel Hernández Sarabia, que a duras penas controlaba el frente, asignó la defensa de la línea Lopera-Marmolejo a la XIV Brigada Internacional, salida el día 23 de diciembre de Albacete. Al mando de la Brigada se encontraba el “General Walter”, polaco de origen, llamado realmente Karel Swierczewski. Llevaba como jefe de Estado Mayor al italiano Aldo Morandi, antiguo oficial de la marina, y por comisario al comunista francés André Heussler; Ralph Fox, escritor inglés, ostentaba al parecer, el cargo de comisario adjunto. Todos ellos habían sido combatientes en la I Guerra Mundial.

Cuando Hernández Saravia considera que ya dispone de fuerzas suficientes para llevar a cabo una fuerte reacción, dispone para el día 28 un ataque general con cuatro columnas. Su estrategia consistió en que la 3ª Brigada Mixta atacara a Redondo de flanco en dirección Lopera-Villa del Río, y los internacionales lo hicieran en dirección Lopera-Bujalance. A su vez, el comandante Fernando Pérez quedaba a la defensa de la línea del Guadalquivir, con su plana mayor en Marmolejo, mientras el comandante José Castell Sena cubría Porcuna. Estos planes llegaron tarde para evitar la pérdida de Lopera, ocurrida el día 27; pero lograron entorpecer y retrasar la caída de Porcuna. La tercera brigada debería de apoderarse de Villa del Río y la XIV de Bujalance, y si la operación prosperase, ocupar ambas Montoso. En el resultado final sucedió, que ninguna de las tres ciudades fue recuperada.

En ese día 28, el general Queipo de Llano dicta una orden para la ocupación de Porcuna, por la acción combinada de tres columnas: la de Redondo, que tendrá a su cargo la acción principal y que desde Lopera atacará al pueblo por el nordeste, desbordando todas las fortificaciones y cortando las carreteras que desde el mismo conducen a Arjona y Torredonjimeno, realizando la caballería por la izquierda, un gran movimiento envolvente; el batallón situado en Cañete de las Torres, cuya misión será fijar al enemigo en la dirección de la carretera que se dirige hacia el objetivo, y la columna Gómez Cobián, que desde Valenzuela efectuara un movimiento ofensivo sobre Porcuna, empujando al enemigo y esbozando un amago de envolvimiento por el flanco derecho. Pero la presión ejercida por las fuerzas internacionales sobre Lopera es muy fuerte, desbaratando de momento los planes de Queipo de Llano, el cual, variando su idea de maniobra, concentra en Villa del Río una Columna a las órdenes del teniente coronel Álvarez de Rementería, que debería atacar el flanco derecho de las fuerzas contrarias que desde Andújar tratan de recuperar Lopera.

Durante todo el día los nacionalistas, cómodamente desde sus posiciones, tuvieron a los internacionales bajo fuego cruzado de ametralladoras, artillería y morteros. Los voluntarios buscaban los pequeños relieves del terreno para refugiarse de los proyectiles y poder continuar disparando.

Avanzaban, retrocedían, volvían al ataque, se arrastraban sobre el dorso pelado de las colinas hasta cerca de las trincheras nacionalistas. En los repetidos ataques y contraataques las compañías se desorganizaron, se dispersaron, se mezclaron unas con otras, perdiendo enlace con sus respectivos comandantes. Los voluntarios supervivientes se encontraron al final del día sin municiones, sin fuerzas por haber corrido tanto, por no haber comido durante todo el día. El fracaso fue como el del Sans Nom, sangriento. Más de 800 cadáveres quedaron bajo los olivares, más de 500 combatientes abandonaron su puesto de combate. El frente se aguantó sólo gracias a un puñado de valientes que combatían sin esperanza, con una resignación feroz.

Las unidades más castigadas fueron los batallones 12 y 13, pero por encima de todos los combatientes, los de la compañía británica fueron los que dieron una mayor contribución de sangre. Los jóvenes obreros y estudiantes de Londres y del Lancashire, a las órdenes del capitán Nathan, se lanzaron por cinco veces al ataque, llegando hasta las primeras casa de Lopera, pero una tempestad de hierro y fuego se abatía sobre ellos. Cinco veces fueron rechazados hacia sus posiciones de partida, retirándose pero combatiendo sin descanso, protegiéndose entre las grandes raíces y los troncos enjutos de los olivares, sin perder acometividad, aunque al final del día habían quedado reducidos a unos veinticinco hombres. La compañía inglesa quedó materialmente deshecha.

Sobre un efectivo de 145 hombres hubo 78 muertos, entre ellos dos intelectuales ingleses, Ralph Fox, novelista, y John Cornford, poeta. Ralph Fox fue el baluarte de la propaganda interbrigadista como testimonio evidente de que la intelectualidad de izquierda se encontraba del lado de la República Española. Se le comparó con el poeta Byron, muerto por la libertad de los griegos. John Cornford, murió al día siguiente de su veintiún aniversario, pero de él la propaganda brigadista no se ocupó con tanto interés como lo hizo con Fox.

La XIV Brigada no había podido evitar que la catástrofe del sector andaluz mandado por el teniente coronel Hernández Sarabia se consumara, y si no se llegó a más fue debido a dos causas: a que la operación emprendida por el general Queipo de Llano se diese por concluida, y a que llegaran dos Brigadas españolas relativamente disciplinadas, la III de José María Galán y la XVI de Martínez Cartón. Terminaba el año y Queipo no había alcanzado aún el último objetivo de su campaña, Porcuna. Su ocupación interesaba enormemente para dar consistencia a la línea prevista y establecer la comunicación directa Lopera-Porcuna-Valenzuela. La operación, prevista para el día 28, iniciada e interrumpida el 29, se reanudó por fin, el día 31, tras una jornada de descanso la fecha anterior para los requetés y regulares exhaustos del coronel Redondo.

La orden general de operaciones, que estaba firmada desde el 26 de diciembre, establecía la ocupación de Porcuna en tres columnas convergentes; desde Lopera, Cañete y Valenzuela. La brigada internacional aunque fue contenida, contribuyó con su combatividad a que se acumularan refuerzos gubernamentales en el pueblo de Porcuna. Por ello la columna Redondo se encontró con nueva y fuerte resistencia, que hubo de vencer paso a paso y teniendo que rechazar un ataque a su flanco izquierdo desde Arjona.

Después del encuentro con las brigadas internacionales, los requetés siguieron ocupando pueblos y más pueblos, y el 27 de diciembre empezaron días de terribles ataques rojos contra el pueblo de Lopera, acabado de ocupar que está en una hondonada dominada por todas partes por el enemigo, que no deja moverse a las fuerzas que lo guarnecen. Para librar aLopera de este peligro sólo hay una solución, y es atacar y conquistar el pueblo de Porcuna, que es la llave de todas las posiciones dominantes. Y el requeté no encontró imposible aquello, pese a todas las dificultades que esto representa. Más de 30 muertos han tenido sólo las distintas unidades de requetés andaluces, que fueron propuestas para la medalla militar colectiva por esta operación, las otras unidades tuvieron muchas bajas también.

El día 31 a las cuatro y media de la tarde, consiguió Redondo cortar la carretera de Arjona, a dos kilómetros de Porcuna, venciendo gran resistencia republicana. En total, casi dos días de lucha, hasta el primero de enero, a las cinco de la tarde, la columna franquista enfiló, por fin, las calles de Porcuna y ponían fin a una campaña que se había prolongado el doble del tiempo previsto.

En la batalla de Porcuna desempeñó papel decisivo la actuación de una escuadrilla de trimotores “Junquera” que bombardeó duramente el castillo de Porcuna, donde se había concentrado la resistencia republicana. Se aprovechó la confusión creada para entrar en el pueblo los atacantes. Según fuentes nacionalistas, más de 100 muertos republicanos se recogieron en las calles (seguramente, consecuencia de los fusilamientos inmediatos, al menos parte de ellos), además de otros cadáveres que se hallaron en el campo. Por otra parte, cuando la columna Rentería tomó posiciones el día 3 frente al “Cerro de San Cristóbal”, fuentes nacionalistas debían de haber recogido 200 cadáveres enemigos, extranjeros en su mayoría.

Tras la batalla, las exigencias de responsabilidades no se dejaron esperar. El coronel Hernández Saravia, que nunca gozó de la simpatía de Largo Caballero, fue destituido del mando del sector de Córdoba el mismo primero de año y sustituido por el coronel José Villalba Rubio, continuando como jefe de Estado Mayor el teniente coronel Leopoldo Menéndez. Villalba tomó posesión del cargo el 4 de enero.

Los interbrigadistas, fuertemente desmoralizados, permanecieron en línea hasta el día 8 de enero de 1937. En la última fase de la batalla de Porcuna, un nuevo refuerzo republicano tomó posiciones frente al pueblo: la 20ª Brigada Mixta al mando del capitán Justo López Mejía. Un mes más tarde, el 9 de febrero, llegó al sector de Martos-Torredonjimeno la 25ª Brigada al mando del comandante de ingenieros Julio Dueso Lanlaida. Todas ellas se unirían a la 16ª Brigada Mixta del diputado Martínez Cartón llegada el 30 de diciembre, y conjuntamente defendieron el sector. El ataque nacionalista ya no avanzó hacia Andújar y el foco nacionalista aislado del Santuario de Santa María de la Cabeza perdió la esperanza de verse asimilado a sus fuerzas.

Bibliografía:
— ESLAVA GALÁN. Una historia de la guerra civil que no va a gustar a nadie. Círculo de lectores.
— CASTELLS ANDRÉU. Las brigadas internacionales de la guerra de España. Ed. Ariel, S.A.
— MARTINEZ BANDE J.M. La campaña de Andalucía. Ed. San Martín.
— MARTINEZ BANDE J.M. Brigadas internacionales. Ed. Luis de Caralt.
— MORENO GÓMEZ F. La Guerra Civil en Córdoba. Ed. Alpuerto, S.A.

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